Hay Sonoramas que pueden curar a los heridos

Sonorama Ribera - 2018

Canta David Ruiz, vocalista de La M.O.D.A., que “hay canciones que pueden curar a los heridos” en un bellísimo tema titulado “Hay un fuego” (La primavera del invierno, 2015, PRMVR) y el verso bien podría aplicarse a lo que le ocurre cada año al público del Sonorama Ribera. Las letras y la música que resuenan por todos los rincones podrían curar a los heridos si fuera necesario. Y es que el festival ribereño continúa conservando esa relación casi mágica entre las bandas y el público.

La edición de este año no ha sido una excepción. Con varios problemas logísticos pasados ya solucionados -esta vez hubo más espacio en el recinto llevando la zona de mercado y restauración un poco más lejos de los escenarios principales- y otros aún por resolver, el Sonorama Ribera sigue progresando año tras año.

A los conciertos que inundan durante el día las calles arandinas, con el epicentro en la plaza del Trigo y toda la atención sobre las actuaciones sorpresa (La M.O.D.A., Lori Meyers, Varry Brava…), convertidas en un habitual y emocionante bonus track, se les han unido, como cada año, los grandes directos en el recinto.

El jueves se vivió la jornada más ecléctica de la edición, comenzando con una inusual actuación de Diego ‘El Cigala’. El cantaor arrancó con retraso y ofreció un concierto, cuanto menos, singular, en el que no se despegó de su vaso de cubata. El festival cogería ritmo gracias a Bunbury y a Mikel Erentxun, que fueron ganándose al público en sus directos mezclando canciones consagradas con otras más recientes. Rozalén protagonizó otra de las actuaciones más sobresalientes de la noche, con su inseparable intérprete en lengua de signos y varias reivindicaciones sociales. Elefantes se hicieron con las gargantas de los asistentes entre versiones y canciones de cosecha propia y La Pegatina puso a bailar a todo el festival. Lagartija Nick y Amatria cerraron la primera noche en el recinto.

La tarde del viernes fue entrando en calor conforme avanzaban los conciertos. Todos los artistas contribuían a ir ensalzando los ánimos de los asistentes al Sonorama Ribera antes de una de las actuaciones más esperadas de toda la edición, la de Liam Gallagher, que conjugó sus canciones en solitario con varios temas de Oasis. “Wonderwall” vibró en las cuerdas vocales del público sonorámico, que hizo resonar con fuerza el estribillo. Y aunque la canción arrancó dos veces, por petición expresa del vocalista en mitad de la primera interpretación del tema, el recuerdo quedó registrado en la memoria (y en los móviles) del público. Avanzaba la noche hacia el concierto de La Maravillosa Orquesta del Alcohol, convertidos en héroes del viernes y del recién estrenado sábado. Después de reinar a la luz del día en la plaza del Trigo, los burgaleses aprovecharon que jugaban en casa para conquistar a todas las almas presentes, que desearon quedarse a vivir en aquel instante. Sin tiempo para la calma, Viva Suecia ponía al Sonorama Ribera a cantar de nuevo, recordando cómo habían pasado de tocar en el escenario del camping a hacerlo en la pasada edición bajo el sol de la tarde hasta obtener, en esta ocasión, su hueco en la noche. Si alguien no tenía claro a dónde ir, los murcianos les ofrecieron un rincón de música en el que refugiarse.

Aún quedaban momentos mágicos de Sonorama para la jornada del sábado. Tras las actuaciones de Mi Capitán y Maga, Sidecars lanzaban al público contra las cuerdas de sus canciones. Xoel López tomó el relevo con una clase y un talento incontestables, en un concierto donde destacó una preciosa versión de su canción de Deluxe, “El amor valiente”, con los versos divididos entre todos y cada uno de los miembros de su banda. Entonces, le tocó el turno a Izal. A ritmo de “Autoterapia”, prometieron que iban a dar caña en su directo. Y vaya si la dieron. Las canciones que se sucedían pusieron a punto las cuerdas vocales y los pies del público. Hubo una pausa, un parpadeo y un dulce baile que desembocó en “El pozo”. 1, 2, 3… Y, al respirar, los fuegos artificiales coronaron el escenario principal. Brazos en alto, sonrisas y gargantas a coro para cerrar un concierto que la banda ha calificado como su particular “incendio sonorámico”. Todavía había ganas de festival cuando se alcanzó el momento de que Dorian desgranara sus canciones nuevas y otras más que asentadas en la memoria colectiva que volvieron a conmover al público, llevándole a cualquier otra parte.

Los que tenían fuerzas aún aguantaron los bailes de la jornada dominical. Los que ya no podían más, se despidieron del festival hasta la próxima edición. Todos un poquito más cansados, pero más felices de lo que llegaron, iban diciendo adiós. Tienen razón los chicos de La M.O.D.A. cuando cantan eso de que “hay canciones que pueden curar a los heridos” porque también hay Sonoramas que pueden curar a los heridos. Y si la música no llega a cerrar del todo la herida, al menos por unas horas deja de doler.

Carolina Méndez


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