Érase una vez una serie

“Pues, ¿qué quieres que te diga? A mí el libro me gustó más que la película”. Seguro que todos los lectores han pronunciado alguna vez estas palabras. Quizá no en ese mismo y riguroso orden, tal vez en otra frase que significara lo mismo, pero queriendo transmitir esa idea. En la historia del cine, se pueden encontrar numerosas muestras de películas en las que su argumento está extraído -condensado y también modificado en parte para encajarlo en noventa o ciento veinte minutos de metraje- de una novela, un cuento, una biografía… De un libro, en definitiva. Y las ficciones para televisión no iban a quedarse atrás.

Las series, que tanto éxito han cosechado entre el público y la crítica, especialmente en los últimos años, y que en algunos casos superan la calidad de producción de ciertos largometrajes, no podían ser menos. También en las ficciones para la pequeña pantalla se han apuntado a eso de buscar entre las páginas de un libro el argumento para la próxima serie de culto. Y viendo la gran acogida que han tenido, quizá lo de basarse en la literatura para hacer televisión sea una muy buena idea.

Para muestra, un botón. O varios. Uno de los ejemplos más recientes es la serie Por trece razones, que habla del suicidio de una adolescente, Hannah Baker, y de los motivos que la llevaron a terminar con su vida. La serie se estrenó en marzo de este 2017 y desarrolla un tema tan grave como el del bullying. Se trata de una ficción que le permite ver al espectador cómo el maltrato, tanto físico como psicológico, en un ambiente como el de un instituto puede hacer que una de sus alumnas decida dejar de vivir.

La serie ha sido objeto de polémica en los últimos meses y ha acaparado tantos críticos como admiradores. En algunos sitios, incluso ha llegado a prohibirse dentro de ciertos ambientes escolares por miedo a que incitara al desarrollo de otros casos similares, esta vez en la realidad.

Pues bien, la historia que se narra en la serie de Netflix Por trece razones está basada en la novela homónima escrita por el autor estadounidense de novelas de ficción para adolescentes Jay Asher. El libro se publicó por primera vez en el año 2007 y encabezó la lista de best-sellers del New York Times en julio de 2011. Si funcionó tan bien a nivel de público, era una cuestión de tiempo y de buena producción que triunfara también en la pequeña pantalla.

La realidad como fuente de inspiración

Pero no todo son historias tan dramáticas como la de Por trece razones, ni tan de ficción. La realidad de algunas vidas da pie a que sus autores escriban una suerte de autobiografía que termine publicada en papel. Es el caso de los dos próximos libros, que también han terminado por llevarse a la televisión.

Orange Is the New Black: Crónica de mi año en una prisión federal de mujeres es el libro de memorias de Piper Kerman, una mujer de clase alta que acaba trabajando como mula para su pareja, una traficante de drogas. Diez años después, la autora se ve condenada a un año de cárcel en una prisión federal estadounidense para mujeres. El libro abarca el cambio en la vida de Kerman, recluida entre las paredes del penal, y cómo trata de gestionar un equilibrio entre las relaciones que deja fuera de la cárcel y las que establece dentro de la prisión con las demás reclusas.

El libro ha sido llevado con éxito a la televisión bajo el mismo nombre: Orange Is the New Black, y con apenas unos ligeros cambios: la protagonista continúa llamándose Piper, pero ha cambiado su apellido de Kerman a Chapman. Como en el caso de Por trece razones, también fue Netflix la encargada de poner en marcha la adaptación del libro, que fue publicado en 2010, a la televisión, donde la serie se estrenó en julio de 2013.

Toca cambiar de canal para llegar a Mozart in the Jungle, la serie de Amazon que protagonizan el mexicano Gael García Bernal y la inglesa Lola Kirke, estrenada en el año 2014 y que también tiene sus raíces en la literatura.

La oboísta Blair Tindall publicó en 2005 Mozart in the Jungle: Sex, Drugs, and Classical Music en el que recogía sus diez años de experiencia como una música en el mundo del clásico. Tindall expuso su vida sin tapujos en este libro, desde los recitales y actuaciones con su orquesta en Broadway, hasta una faceta más personal, donde relataba las dificultades y penurias para sobrevivir en la escena de la música clásica de Nueva York. En la obra, la oboísta no obvia el intercambio de favores sexuales a cambio de trabajos, los coqueteos con el alcohol y las drogas que podían afectar a su rendimiento en las actuaciones o los apartamentos decrépitos en los que tenía que vivir.

A diferencia de Orange Is the New Black, la adaptación de Mozart in the Jungle a la televisión se ha permitido más licencias. Sí, hay trazos de la historia de Tindall en la serie, pero la trama que se desarrolla en esta se centra más bien en Rodrigo (García Bernal), un exitoso pero complejo director de orquesta, y en los músicos que forman parte de ella. Es aquí donde el espectador encuentra a la oboísta Hailey Rutledge (Kirke), inspirada en Blair Tindall.

Dos casos de éxito de masas

Las memorias de estas dos autoras han dado para mucho, pero aún quedan otras dos obras de ficción que han dado a la televisión algunas de sus series más icónicas.

La escritora estadounidense Candace Bushnell puso voz a las relaciones sentimentales de los neoyorquinos en su novela Sexo en Nueva York, publicada en 1996, donde Bushnell se inspiró en una serie de experiencias personales para dar vida a varios personajes entre los que encontramos a Carrie Bradshaw (y también a sus zapatos).

Hubo que esperar dos años más, hasta 1998, para que HBO estrenara la serie basada en la novela, que tomaría su nombre del que titulaba el libro, y en la que los espectadores se sumergieron por completo en las vidas de Carrie, Charlotte, Samantha y Miranda, cuatro mujeres en la treintena que viven en Nueva York. En el caso de esta serie, la adaptación literaria fue incluso más allá: se pasó de la novela a la televisión y posteriormente llegó al cine, donde la historia de la pequeña pantalla continuó en dos largometrajes.

Pero si hay una serie de televisión que haya acaparado más los focos y que fue narrada primero en la literatura, esa es Juego de tronos, también de HBO y estrenada en 2011. Seguramente queden pocos detalles restantes que no se hayan dicho y repetido a estas alturas sobre la serie: desde su gran producción, pasando por su historia, los cientos de premios que ha cosechado, hasta cómo ha logrado acaparar la atención de sus espectadores, algunos de los cuales han hecho de ella casi una religión.

Para ver solo una pequeña muestra de cómo Juego de tronos ha traspasado las barreras de la ficción, basta con echar un vistazo a las listas más recientes de nombres para bebés, donde se han colado los de algunos personajes como Arya o Daenerys. Sí, quizá sea llevar la pasión por una serie demasiado lejos, pero es innegable que la popularidad que arrastra Juego de tronos es inmensa.

La exitosa serie está basada en la colección de libros A Song of Ice and Fire, del escritor estadounidense George R. R. Martin. La primera novela de ficción fantástica perteneciente a esta serie se tituló Juego de tronos -de la que tomó su nombre la adaptación a la televisión- y fue publicada en 1996. En un principio, Martin había concebido esta colección como una trilogía, pero posteriormente planeó un total de siete volúmenes, de los que han visto la luz cinco.

Es aquí donde divergen los caminos entre la literatura y la televisión. Las adaptaciones resultan más o menos sencillas cuando la base de la historia para la pequeña pantalla surge de las páginas de un libro publicado y del que se sabe tomar la suficiente distancia para continuar su trama por unos derroteros propios. La serie está basada en el libro, pero son productos diferenciados.

La historia de Juego de tronos (la serie) está muy apegada al desarrollo de esta en las novelas de Martin. Tanto es así que al escritor estadounidense no le ha dado tiempo a escribir al mismo ritmo que se adaptaba la serie a la televisión y los guionistas han tenido que tomar su propio camino en algunos tramos de la historia de la sexta temporada, la última que se ha estrenado, para continuar su producción y saciar las ganas de nuevos episodios de sus espectadores.

El matrimonio entre libros y series de televisión funciona

Las series mencionadas son solamente cinco de los múltiples ejemplos que se podrían encontrar buceando en los orígenes de algunas de las historias narradas en la televisión y que han llegado adaptadas desde la literatura. Como se ha visto en esta pequeña muestra, no importa si cuentan con una producción grande o pequeña, o si las tramas que relatan pertenecen a memorias personales o son fruto de la imaginación de su autor, lo cierto es que las series basadas en libros cosechan un éxito más que considerable.

Así que la próxima vez que el espectador se encuentre ante la disyuntiva de qué serie empezar a ver, puede que también le apetezca buscar entre los tomos de una biblioteca. Quién sabe, quizá en las páginas del libro que caiga en sus manos descubra sin proponérselo el nuevo éxito televisivo.

Carolina Méndez


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