El increíble Llull

En baloncesto, como en casi todos los deportes, la medida de lo extraordinario la da aquel jugador que es capaz de lograr lo imposible de forma que parezca lo más sencillo del mundo. Y así juega Sergio Llull.

Coge el balón debajo de la canasta que defiende y vuela sobre el parquet a una velocidad de vértigo esquivando rivales hasta dejar una bandeja en el aro contrario para sumar dos puntos.

O recibe un pase imposible, mientras evita caer hacia atrás, luchando contra la gravedad, y de su mano sale una parábola aún más imposible que hace que la bola vaya dentro.

O convierte un saque de fondo desde su propio campo, mientras su equipo va un par de puntos abajo en el marcador, con el partido casi consumido, en un tiro que sobrevuela toda la pista y se cuela en la canasta contraria para ganar el encuentro.

O ve cómo en el reloj de posesión los números se van poniendo en rojo. Cinco, cuatro, tres, dos, uno. Y cuando restan apenas unas décimas, se cuadra en el triple y lo clava. Marca de la casa. Y te lleva a la prórroga contra un equipo NBA. O te gana una Copa del Rey.

Los aficionados rivales se echan las manos a la cabeza, el banquillo de su equipo explota de emoción y Llull sonríe como restándose importancia, como si aquello estuviera chupado. Como si fuera lo más sencillo del mundo.

Y, claro, no lo es. Porque, como todos los jugadores extraordinarios, es capaz de hacer magia con su juego y lograr que hasta lo increíble pueda hacerse realidad. Una todavía no sabe dónde está el techo del menorquín, pero, si me lo permiten, espero que quede aún muy lejos.

Sergio Llull es un jugador que resuelve partidos en casi todas las ocasiones que se echa su equipo a la espalda (habrá que concederle un mínimo margen de error). Estamos tan acostumbrados a verle conseguir cosas descomunales que se ha ganado con creces eso de que le llamen “el increíble” Llull.

¡Ah! Y anoche hizo un enorme partido en el que metió 30 puntos ante Panathinaikos en Euroliga, marcando el máximo de anotación en Europa de toda su carrera.

Pero, claro, eso es lo normal. ¿No?

Carolina Méndez


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