Viernes de Perseidas y Sonorama Ribera

Hay dos cosas imprescindibles que debe tener todo gran festival que se precie: buena música y gente que la disfrute. Si a eso se le añade, además, conciertos en la calle a todas horas, buena gastronomía y un ambiente inmejorable, da como resultado un festivalazo. O, lo que es lo mismo, el Sonorama Ribera.

La jornada del viernes 12 de agosto en el festival que se celebra cada año en Aranda de Duero (Burgos) arrancó, como suele ser habitual, por la mañana en la Plaza del Trigo, donde a los grupos programados: The Trunks, The Great Barrier y Kitai, se les sumó una sorpresa musical: Los Niños Imantados, álter ego de la banda Love of Lesbian. La fiesta estaba asegurada.

Pero no solo de Plaza del Trigo vive la jornada de día del Sonorama Ribera. Las oportunidades, cada año más numerosas, de ver a grupos emergentes demostrar su talento musical en directo se repartieron este año por diferentes localizaciones de la ciudad arandina. Solistas, grupos y DJ’s se subieron a los escenarios para que la música no dejara de sonar en ningún momento.

A la jornada de viernes se le añadió, por si todo lo demás fuera poco, el factor meteorológico. El sol iba cayendo sobre el recinto del festival al final de la tarde, mientras desfilaban por los escenarios Nudozurdo, Carlos Sadness, Egon Soda, Kula Shaker y Delorentos, pero el buen tiempo siguió acompañando a los asistentes durante prácticamente toda la noche.

Aunque si hubiera hecho frío, algunos ni lo habrían notado. El directazo de The Hives ya se iba a encargar de calentar el ambiente. El grupo, híper motivado, lo dejó todo en el escenario principal del Sonorama Ribera, siempre bien conjuntado en blanco y negro con el logotipo de la banda. Tick tick boom cerró el setlist de los suecos, que no dudaron un instante en bajar del escenario para saludar a los asistentes de las primeras filas cuando terminó su particular fiesta.

“El Sonorama Ribera son las Olimpiadas del indie“, definieron los León Benavente el festival en el inicio de su concierto. Desgranaron su último disco, 2, sin olvidarse de algunos éxitos de su trabajo anterior. De la nueva Tipo D al ya conocido Ser Brigada, el grupo logró hacer cantar y bailar al público durante su directo y asegurarse un puesto en la pugna por las medallas de los Juegos Olímpicos del Sonorama.

La música cambió de lado al regresar al escenario principal del festival. Una bonita escenografía, con cuidados detalles en las pantallas, introdujo a los asistentes en la atmósfera y el universo de Love of Lesbian. Era el segundo concierto del día para los barceloneses, que agradecieron a los que habían disfrutado de su directo en la Plaza del Trigo, y que fueron intercalando con naturalidad los nuevos temas de El Poeta Halley con clásicos como Belice, 1999, Allí donde solíamos gritar o Club de fans de John Boy. El momentazo del concierto llegó con el intermedio de Psiconautas, tema perteneciente a su último trabajo, en el que el confeti blanco disparado desde el escenario llenó de magia las fotografías del público. Planeador puso el punto final al directo.

La noche de viernes en el Sonorama Ribera iba llegando poco a poco a su fin. Belako cerraba los conciertos en el Escenario Castilla y León, a falta del set de ELYELLA DJ’S.

Miss Caffeina fueron los encargados de hacer lo propio en el Escenario Ribera del Duero. El grupo acercó un pedacito de Detroit, su último trabajo, hasta la ciudad arandina. Lo presentaron casi al completo, pidiendo al público que no dejara de bailar y que sacara sus mejores pasos de reggaeton (con algo de sorna, eso sí) para El rescate. También sonaron clásicos de la banda: abrieron el directo con Venimos, dejaron caer Capitán, coreada por todo el público, en medio del setlist, y también una potente Hielo T. Miss Caffeina llevó a los asistentes con su buen directo hasta el final de la noche. Mira cómo vuelo, el single de Detroit, logró que el público se dejara la voz y los pies para clausurar de forma redonda los conciertos del viernes.

Dicho y hecho, la segunda jornada del festival de Aranda de Duero tuvo buena música y mucha gente disfrutándola (unas 16.000 personas, según la organización). Bien entrada la noche, las Perseidas no quisieron perderse los conciertos y alguna incluso se dejó caer por encima de los escenarios. A lo mejor alguien entre el público miró a la noche estrellada y las vio. Puede que alguno formulara un deseo. Quizá hubo quien pidió volver a disfrutar del Sonorama Ribera en 2017.

Carolina Méndez


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