‘Orange is the new black’: Temporada cuatro

Las puertas de la prisión de Litchfield se han abierto una temporada más para recibir a los espectadores de Orange is the new black. Podríamos decir que esta cuarta entrega de la serie ha continuado el rumbo de la historia con buen saber hacer.

Atrás quedaron las primeras temporadas, donde se contaba fundamentalmente la adaptación de Piper Chapman (Taylor Schilling) a la vida en prisión, para narrar una historia mucho más amplia. La serie abarca varias líneas argumentales, que han ido introduciéndose paulatinamente en las vidas de cada una de las pandillas de la prisión, de los grupos de guardias de la cárcel y en las de las altas esferas de los dueños de Litchfield.

La cuarta temporada arranca con las presas enfrentándose a un cambio en su rutina diaria: la población en la cárcel se ha duplicado por la privatización de la prisión. Hemos visto a las internas más famosas de la ficción televisiva sufrir las consecuencias de ese cambio: los espacios en sus habitaciones se han reducido a la mitad, la espera en el baño se ha vuelto infinita y hay que llegar pronto al comedor si quieren ingerir alimento. Y claro, ya se sabe que ante peores condiciones, las tensiones en la cárcel se triplican.

Por eso, han surgido nuevas pandillas, y si alguna destaca por encima de las demás es la de las dominicanas. El número de presas de esa nacionalidad en la cárcel ha aumentado, lo que llevaba a un cierto incremento de poder en Litchfield si lograban gestionarlo. Y así lo han hecho. Todas ellas se han aliado como un nuevo grupo, con Maria (Jessica Pimentel) a la cabeza, personaje al que, por cierto, no hemos conocido tan bien en ninguna temporada como lo hemos hecho en esta.

Pero no todas las nuevas presas de Litchfield son desconocidas para el espectador. Algunas van y vuelven de las celdas de máxima seguridad y otras permanecen ocultas sin que sepamos muy bien qué es lo que está pasando con ellas. Dentro de un tercer grupo está la cocinera Judy King (Blair Brown), a quien ya habíamos visto en la televisión de la sala común en anteriores temporadas, mientras las presas seguían su famoso programa de cocina. Ahora, Judy es una interna más de Litchfield a quien, por cierto, no parece disgustarle demasiado -al menos de cara al público- eso de estar entre rejas. Algo, por otro lado, casi razonable, dado que sus condiciones de vida son bastante mejores que las de la mayoría de las presas.

Al igual que en cada una de las temporadas que Orange is the new black ha ido dejando atrás, esta cuarta nos ha acercado al pasado de algunas de las presas. Quizá de todas las historias previas que han contado, sobresalen las de Maria, Lolly (Lori Petty) y Suzanne “Crazy Eyes” (Uzo Aduba) por la importancia que han tenido esos tres personajes en la trama.

En líneas generales, se pueden extraer cosas bastante positivas de esta cuarta temporada, en la que la serie ha ido ampliando sus historias, creciendo en cada capítulo, dándonos alguna que otra sorpresa, configurando nuevos (y buenos) personajes y todo ello sin perder la esencia de Orange is the new black. Esperemos que continúen por la misma línea de cara a la quinta temporada.

Carolina Méndez

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