Y nada más

Nervios. Dos horas. Emoción. Una hora. Preparativos. Minutos. Segundos. Empieza con retraso. Los aficionados se impacientan, aguardan. Pita Clattenburg. Arranca la final.

Quince de partido. El Madrid golpea primero. Ramos. Otra vez. Dicen en la radio que estaba en fuera de juego. También dicen que en el banquillo del Atleti nadie protesta. Los blancos dominan, reinan en el terreno de juego. Hasta el treinta. A las órdenes del Cholo, los rojiblancos se vienen arriba, presionan, intensos, encuentran vías por las bandas. Fin del primer acto.

El Atlético no entiende del descanso y sale a por todas. Pepe hace caer a Torres en el área. ¿Penalti? Penalti. El árbitro lo pita. Griezmann, por lo que más quieras, dicen los atléticos. Keylor, susurran los madridistas. Pero el larguero se interpone en el camino del gol. El Madrid sigue por delante. Los fotogramas del largometraje pasan. Los minutos en el reloj también. Y cuando los de Zidane están a punto de tener el segundo en sus botas, Carrasco decide marcar. Empate. La película de Lisboa, pero al revés. Del final al principio. Y llegamos al noventa y pico. Y prórroga.

Aquí nadie se rinde. Las piernas dicen que ya no dan más de sí. La cabeza por momentos avisa de que tampoco puede. Tendremos suerte si algún jugador queda en pie al final de la prórroga. Los que han salido de refresco empujan por los demás. Todos saben lo mucho que se están jugando. Están en un punto intermedio entre el cansancio, los nervios y las ganas de conseguir el título. El marcador dice que empate a uno. El reloj, que ciento veinte. Que no hay tiempo para más.

Penaltis. Oblak. Navas. La lotería, dicen. Keylor. Jan. Cara o cruz. Todo o nada. Undécima o Primera. Lucas Vázquez. Gol. Griezmann. Gol. Marcelo. Gol. Gabi. Gol. Bale. Gol. Saúl. Gol. Ramos. Gol. Juanfran. Palo. Cristiano. Gol. Once. La Undécima.

Y muchos lloran, no importa los colores de la camiseta. Por motivos muy distintos, sí. Pero también hay sonrisas. La alegría del triunfo. La tristeza de la derrota. Para ganar o perder finales, primero hay que jugarlas. Y si los dos habían llegado hasta Milán, por algo sería. Liga de Campeones, dicen que se llama.

Las once del Real Madrid para ampliar su leyenda europea. Para agrandar su historia. Nadie tiene más. La soñada primera del Atlético de Madrid, que tendrá que esperar otro año. Pero que llegará en el futuro. Seguro. Otra final de la Champions para el recuerdo.

El fútbol. Y nada más.

Carolina Méndez


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