El teatro del señor Miller

Reconozco que, aunque por lo general suelo leer narrativa, disfruto mucho cuando cae una obra de teatro en mis manos, especialmente, si están tan bien escritas como las de Arthur Miller. El dramaturgo nació en Nueva York en 1915 y dedicó su vida a escribir piezas teatrales en las que relataba, sobre todo, los conflictos en los que se ve inmerso el ser humano. Ganó el premio Pulitzer por Muerte de un viajante en 1949 y está considerado como uno de los mejores dramaturgos del siglo XX. Falleció en Connecticut en 2005.

Acabo de terminar de leer esta recopilación de obras teatrales de Arthur Miller que, bajo el nombre de Teatro reunido, publicó Tusquets Editores en el mes de septiembre, con motivo del centenario del nacimiento del autor. El libro consta de cinco piezas teatrales que, aun siendo diferentes entre ellas, encuentran puntos en común con sus personajes. Normalmente, en estas obras, hay alguien a quien le atormenta su pasado, y todos esos recuerdos vienen a confluir en el tiempo presente en el que se narra la acción. Las piezas teatrales que vienen a continuación son las cinco que forman parte del libro.

Todos eran mis hijos (1947)

La obra que comienza esta recopilación nos acerca a la historia personal de los Keller. Toda la pieza se desarrolla en el jardín trasero de la casa familiar, por donde, además de los miembros de la familia, también desfilan una serie de vecinos que bien podrían considerarse parte de ella. Los protagonistas son el padre, Joe Keller, que parece controlar todo lo que le rodea, a pesar de tener un pasado conflictivo, y una mujer (la madre) que se resiste a creer que su hijo, aunque desapareció durante la Segunda Guerra Mundial, esté muerto. La historia que se desarrolla se mezcla con la del resto de los hijos y las demás parejas que entran y salen de escena. El pasado, y las puertas de este que todavía no están cerradas, sobrevuelan buena parte de los diálogos de Todos eran mis hijos.

Muerte de un viajante (1949)

Esta segunda pieza es, sin duda, una de las más complejas de las que componen el libro. El protagonista, Willy Loman, es un viajante que rebasa los sesenta años de edad y que vive con su mujer y sus dos hijos, quienes por diferentes circunstancias, se encuentran en la casa familiar en el momento en que sucede el tiempo presente de la acción. Muerte de un viajante es el declive de un hombre que ha luchado durante toda su vida para cumplir con sus obligaciones laborales, manteniendo siempre una apariencia de persona exitosa. La relación con su mujer y sus hijos va atormentándole en una obra donde se mezcla el presente y el pasado del protagonista, en la que el lector tiene que estar muy atento para situar cada diálogo en el tiempo que le corresponde a los diferentes instantes.

Las brujas de Salem (1952)

Esta obra es, de las cinco que componen la recopilación, con la que más impotencia he sentido ante los hechos que se iban relatando en boca de los diferentes personajes. Miller nos lleva hasta el pueblo estadounidense de Salem, allá por 1692, a la caza de brujas desde sus inicios. En una sociedad muy estricta y en extremo dominada por la religión, cualquier excusa es buena para acusar a tu vecino de brujería o de haberse aliado con el demonio. Así, asistimos a contemplar cómo personas inocentes son acusadas y otras, culpables, se mezclan en un juicio de locos en el que nadie sabe ya quién miente y quién dice la verdad.

Panorama desde el puente (1955)

En esta pieza, se aborda la inmigración ilegal en Estados Unidos en los años cincuenta. La historia nos sitúa en una humilde casa, la del estibador Eddie Carbone y su mujer Beatrice, que viven junto a su sobrina Catherine. En su apartamento, deciden acoger a Marco, el primo de la mujer, y a Rodolpho, dos italianos que han entrado en el país de forma ilegal en un barco. Ambos llegan con la intención de encontrar un trabajo y poder establecerse por su cuenta en cuanto logren la nacionalidad estadounidense. Los celos, las sospechas y los difusos límites entre lo ético y lo que deja de serlo se van cruzando en todo el desarrollo de Panorama desde el puente.

Después de la caída (1964)

La obra que finaliza esta recopilación de teatro de Arthur Miller es una de las más extrañas, por su forma de presentar la historia en escena, de todas las que forman el libro. El dramaturgo nos introduce en la mente de Quentin, el protagonista, quien, a través de sus recuerdos, va enlazando todo lo que ha ocurrido en su vida hasta el momento presente. Se detiene en instantes concretos, en sus relaciones amorosas, en las decisiones con las que fracasó, y con las que triunfó. También en cómo fueron su infancia y juventud, cuáles eran los vínculos familiares que le unían a sus padres y a su hermano. Después de la caída es la valoración que Quentin realiza de toda su vida, de los puntos fuertes y débiles, y es la forma en que va relatándosela al lector a través de los momentos que atesora en su memoria.

Carolina Méndez

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